Cuando me matriculé en el programa de Product Management de Tramontana , no buscaba solo aprender herramientas y conocimientos nuevos: buscaba un espacio donde parar, reflexionar y dar sentido al cambio constante que define el mundo digital en el que trabajo.
Ya desde la primera entrevista con Íñigo Medina, CPO de Filmin, durante el proceso de selección, tuve la sensación de ir en la buena dirección. Tomar la decisión de entrar en el máster no fue fácil. El curso era presencial en Madrid, lo que significaba viajar tres horas desde Barcelona, asistir a cuatro horas de clase y hacer las tres horas de vuelta, cada viernes, durante seis meses. Era un compromiso importante, personal y profesionalmente. Cuando se lo explicaba a mis clientes, muchos no entendían por qué no había opción en línea.
Pero tengo que decir que el programa de Tramontana, por su contenido y por el liderazgo extraordinario de Íñigo, me marcó profundamente. La exigencia de presencialidad fue una decisión brillante, porque obligaba a un compromiso pleno. Y esa palabra, compromiso, tan esquivada en la «sociedad líquida» que describió Zygmunt Bauman, es justamente la que da sentido y valor a todo lo que hacemos. No se puede hablar de gestión de producto ni de cultura de producto sin un compromiso profundo con el proyecto que vas a desarrollar. Cada aspecto del producto, desde la primera línea de código hasta la estrategia y el posicionamiento, existe dentro de una red de interacciones humanas, técnicas y organizativas que debemos entender y mejorar. La cultura de producto y el compromiso son los ejes de este curso.
A lo largo de las sesiones pusimos en cuestión la idea del «elemento líquido». Un producto digital es complejo, abstracto, multidisciplinar y fluido: evoluciona tan rápido que se te escurre entre los dedos… y muchas veces no hay presupuesto para sujetarlo. También aprendimos a decidir a partir de estimaciones, métricas y estrategias cambiantes, y a entender que un producto es una narrativa viva que conecta a los usuarios con necesidades reales.

De este programa me llevo conocimiento profundo y competencias esenciales afinadas: liderazgo, escucha activa, comunicación eficaz y resolución de problemas. Pero, sobre todo, desarrollé una mirada crítica, de esas que ayudan a construir productos que conectan y transforman realidades desde una lente humanista.
Pese a las inevitables bromas de mis compañeros, estoy convencido de que crear un producto digital se parece a navegar. Cada travesía es incierta y cambiante. Para avanzar necesitas una velocidad mínima, una tripulación competente y cohesionada en la que confiar, y la capacidad de leer las señales, estimar y corregir el rumbo en consecuencia.
El curso de Product Management de Tramontana ha sido una experiencia transformadora, de las que te cambian no solo como profesional, sino también, en muchos sentidos, como persona.




