Este artículo nace de la locura en que se ha convertido la vida moderna, sobre todo en estas fechas, con un consumismo desbocado plenamente instalado en nuestro día a día. Perdemos el sentido del «valor real» de las cosas.
No me refiero solo al consumismo económico, sino también al consumo de información, hasta el extremo de relacionarnos a través de memes, y a la hiperconexión transmedia, donde evitamos llamar a un amigo para no molestarle.
Un ejemplo habitual que nos encontramos al trabajar con grandes multinacionales son las reuniones en línea con más de seis asistentes, donde normalmente solo habla una persona y el resto asiente o añade alguna «puntualización» menor. ¿Alguien calcula alguna vez el coste por hora y empleado de esas reuniones?
Quizá un documento bien preparado y compartido con todo el equipo, seguido de una reunión final con los responsables para validar el feedback, sería más que suficiente.
El año pasado, durante el curso de Product Management and Culture del Tramontana Institute, hablamos largo y tendido de la importancia de las «restricciones» al crear un producto digital. El límite es nuestra imaginación, y trabajamos en aplicaciones donde el espacio de trabajo es infinito, como un lienzo en blanco. En ese contexto, las llamadas «grandes ideas» — un rediseño, una app, un producto SaaS — a menudo no tienen presupuesto que las sostenga si no se definen y se acotan bien.
¿Cómo fomentar la austeridad?
- Piensa en pequeño para conseguir grandes resultados.
- Elimina lo superficial.
- Prioriza funcionalidades y esfuerzos de desarrollo.
- Anima a los equipos a trabajar en entregas autónomas y autocontenidas.
- Trabaja con sprints acotados por tiempo y presupuesto.
- Testea rápido desde el principio e itera tantas veces como haga falta.
Cómo saber qué es esencial y qué no en tu proyecto
- Funcionalidades: determina qué es núcleo y qué es periferia.
- Simplicidad: empieza simple y añade complejidad solo cuando sea necesario.
- Ritmo: el tiempo cuesta dinero.
- Límite: evalúa el coste de oportunidad de cada funcionalidad y plantéate qué pasa si no la implementas.
- Modular: piensa las funcionalidades como «plugins» que se pueden conectar, desconectar y evolucionar en paralelo.
- Sé ágil: no busques una solución para todo; mejor soluciones pequeñas que interactúen entre sí.
Las limitaciones empiezan en el briefing
En la Alemania de entreguerras, cuando el país necesitaba motorizarse rápido y barato, el gobierno lanzó un briefing exigentísimo. Querían un coche capaz de llevar a dos adultos y tres niños a una velocidad máxima de 100 km/h, con un diseño bello y aerodinámico. Además, tenía que aguantar las condiciones más duras, exigir poco mantenimiento y no superar un precio de venta de 990 Reichsmarks de la época*.
Pocos años después de aquel briefing, en 1949, y bajo la dirección del ingeniero Ferdinand Porsche, nació el modelo «Type 1» de Volkswagen (el «coche del pueblo»), conocido popularmente como «el Escarabajo».
* Teniendo en cuenta que el salario medio mensual de entonces estaba entre 160 y 190 Reichsmarks, si lo proyectamos a día de hoy sobre el salario medio español actual de 1.670 €, estaríamos hablando de unos 8.851 € actuales.




